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La tormenta perfecta de la hotelería en Medellín

Quiero empezar esta columna diciendo algo obvio; que en todos los negocios y en todas las industrias siempre hay y van a haber en algún momento, meses malos y también meses buenos. Habiendo dicho eso… a veces y solo a veces, hay meses en los que uno siente que el universo, la fortuna, el clima, la política y hasta la numerología deciden ponerse todos en contra al mismo tiempo.

Eso es exactamente lo que siento que le está pasando hoy a la hotelería de Medellín.

No quiero que se entienda que Medellín haya dejado de ser atractiva, ni que el turismo se haya acabado, ni mucho menos. Lo digo porque en una ciudad que viene hace unos meses en sobreoferta y que está sensible en tarifa, se le juntaron en el peor momento posible, varios factores externos que complican la estabilidad de los negocios justo cuando siguen saliendo más y más habitaciones nuevas al mercado a pelear por los mismos huéspedes.

Abril y mayo e incluso inicios de Junio son conocidos por el gremio como los meses de temporada baja de Medellín. Eso en esta industria lo sabemos todos. Son meses que quedan entre las temporadas más fuertes, en los que toca buscar eficiencias, cuidar mejor la tarifa, moverse más comercialmente y cometer menos errores… eso es normal. El problema es que este año la temporada baja llegó acompañada de un contexto país incómodo, de una percepción internacional más frágil y de una presión comercial mucho más agresiva… Una Tormenta Perfecta.

Abril y mayo ya eran complejos. Esta vez se volvieron pesados

Si uno mira los comportamientos de ocupación históricos de Medellín, abril, mayo e incluso junio siempre han mostrado ser meses de menor tracción frente a otros momentos del año, además se veía un desaceleración de este año vs años anteriores debido a factores como la sobreoferta (de la cuál deberías estar enterado si has leído mis artículos anteriores)… Y justo cuando uno piensa que ya nada puede ser peor, es que el universo se encarga de mostrarte lo contrario.

Para adicionarle a la temporada baja y la sobreoferta con presión tarifaria, en los últimos mese y semanas, Colombia volvió a los horribles 90’s, a ser víctima de atentados y violencia, con una agenda de seguridad prácticamente nula que cuando uno vive de vender percepción, confianza y deseo de viaje, se vuelven una piedra en el zapato del tamaño de la piedra del Peñol.

Y si a eso le sumamos el clima político y el ruido mediático, es como echarle gasolina a una fogata. Para nosotros puede ser parte del paisaje diario, pero para un viajero internacional no lo es. El turista no distingue si un atentado pasa a miles de kilómetros de la ciudad que va a visitar, el turista ve una sensación de país inseguro y violento. Y cuando esa sensación le contamina la mente, la intención de compra se vuelve más lenta, mucho más sensible al precio o incluso puede hacer que el turista reconsidere su viaje por completo.

Este es un diagnóstico duro, pero necesario

Hay que decirlo como es: este puede estar siendo uno de los momentos más duros para la hotelería de Medellín en su historia reciente. Y no lo digo desde por meter drama, lo digo haciendo diagnóstico duro y realista. Una cosa es tener un mes flojo dentro de la normalidad de la coyuntura de la temporada y la sobreoferta de nuevos hoteles entrando en operación, y otra muy distinta es tener un mes flojo al que además le toca sortear la violencia país, el ruido político, el deterioro de percepción internacional y más competencia nueva que significa tener operadores saliendo a romper tarifa para poder hacer punto de equilibrio lo más rápido posible.

En turismo la percepción importa casi tanto como la realidad. Por eso que Estados Unidos ponga una alerta de viaje pesa un montón, aunque no sea una prohibición para venir a Medellín. Basta con que el principal mercado emisor diga: “reconsider travel”, para que una parte de la demanda dude, posponga o cambie sus planes. Lo bueno es que estas alertas no siempre se traducen en cancelaciones masivas. Pero muchas veces se traducen en algo igual de incómodo: menos velocidad para reservar, menos anticipación y más presión tarifaria.

La salida de Plus Ultra y el incremento de hasta el 25% en los tiquetes aéreos

Las noticias de que Plus Ultra deja de operar en Colombia desde junio y el aumento de los precios en tiquetes aéreos debido al conflicto en el estrecho de Ormuz hablan de que operar en Colombia se está volviendo más difícil, más costoso y más sensible a la competencia. Las aerolíneas hablan del incremento costos de combustible, tasas y estructura operacional, dejando claro que muchas veces no es posible trasladar el costo al pasajero, lo que es otra señal de presión sobre el ecosistema de conectividad del país.

Y cuando una señal así aparece en medio de una temporada históricamente baja, lo que hace es empeorar el ánimo del turista, reforzar la narrativa de que no es el momento para viajar y recordarle que también existen otros destinos interesantes.

Todo eso mientras siguen entrando cientos de habitaciones con las tarifas por el piso.

Entre 2025 y 2026 han entrado cerca de mil habitaciones nuevas y además siguen en construcción varios proyectos que representan casi un 10% adicional del inventario. Esa oferta no llega al mercado en un momento expansivo. Llega al mercado en un momento apretado, y encima en uno de los más sensibles del año.

Lo más delicado no es solo que entren habitaciones. Lo más delicado es la manera en la que muchas de ellas están entrando a vender. Hoy ya se ven propiedades nuevas con tarifas muy agresivas, descuentos profundos, precios por el piso, desayuno incluido, cancelación flexible y toda clase de incentivos para cerrar una reserva rápida. Y cuando eso pasa con hoteles nuevos de gran volumen, se da un efecto dominó donde los tradicionales tienen que bajar tarifa para competir y se rompe la tarifa del mercado entero.

Tanto es el quiebre, que hay activos que se han visto en la necesidad de integrarse a cadenas internacionales, buscando estabilidad tarifaria y reputación internacional que les garantice cierta ocupación, poniendo más presión en los demás.

Aunque la llegada o conversión de proyectos bajo marcas como Curio Collection by Hilton, Radisson Individuals o Design Hotels de Marriott eleva el estándar comercial y operativo de la ciudad, sea buena para Medellín en el largo plazo, en el corto plazo significa tener una competencia más sofisticada “robando ocupación” en un momento en el que casi todos están intentando defender ocupación sin destruyendo su tarifa.

Así se creó la tormenta perfecta

Si uno toma cada factor por separado, ninguno debería generar lo que hoy está pasando. Abril y mayo bajos, por sí solos, no explican este nivel de presión. Ni la violencia reciente, ni la alerta de Estados Unidos, ni la salida de Plus Ultra y el incremento en tarifas de aviones, ni las habitaciones nuevas entrando con tarifas agresivas, por sí solas, tampoco generarían lo que hoy está pasando. El problema es que lo que si lo genera es que todo esto está pasando a mismo tiempo.

Y como cereza en ese pastel de situaciones complejas, me atrevo a agregar lo que en unos meses va a generar el mundial, que por un lado puede generar que la gente en vez de viajar a Colombia se vaya a disfrutar la copa en México, Estados Unidos o Canadá, o hasta decida no viajar durante todo ese mea para verla en casa con sus amigos y familiares… cosa que veo más probable y que pondría más presión sobre la ocupación y las tarifas.

Cuando a un mercado sobreofertado se le juntan al mismo tiempo estacionalidad débil, malas noticias país, elecciones, vuelos más costosos, nuevos competidores rompiendo tarifa y encima un mundial de fútbol de la fifa, lo que aparece es una tormenta perfecta. Una de esas en las que uno entiende rápido que no se trata de ser optimista para ganar, se trata del que mejor ejecute bajo presión para aguantar y salir ileso..

En tormentas así, la calma y las decisiones bien tomadas lo son todo.

Cuando un capitán de un barco se enfrenta a una tormenta de la que no puede salir, lo primero que hace es asegurar la estabilidad interna del barco para que el caos de afuera no lo destruya por dentro. Primero, ordena toda la carga del barco, porque sabe que un objeto pesado suelto puede ser más peligroso que una ola externa, luego posiciona la proa (el frente del barco) hacia las olas más grandes, enfrentando el problema de frente para cortarlo en lugar de permitir que choque de lado y voltee su barco. Después ajusta la potencia del motor al mínimo necesario para mantener movimiento y preservar la potencia.

Finalmente, evita su obsesión por llegar a su destino final y se concentra únicamente en seguir a flote, aceptando que en el punto más crítico de la crisis, la única misión que importa es resistir hasta que el mar decida calmarse. He pensado mucho en esa historia estos días, porque eso es exactamente lo que siento que deberían estar haciendo muchos hoteles en la ciudad. Lo que se exige hoy es resistencia, disciplina y una lectura fría de lo que sí se puede controlar.

La verdad es que cuando los factores externos son incontrolables, solo queda ajustar mejor, cuidar más la operación, vigilar cada canal, proteger la caja, revisar las tarifas con inteligencia y estar pendientes de cada detalle.

Después de la tormenta, llega la calma.

Inicié diciendo que todos los negocios e industrias tienen mese malos, también dije que NO quería que se entendiera que Medellín ha dejado de ser atractiva, ni que el turismo se ha acabado, ni mucho menos. Tiene que quedar claro que seguimos siendo una ciudad con alto potencial turístico y mucho potencial de crecimiento, si no fuese así, las marcas hoteleras internacionales grandes no estarían entrando a la ciudad… Eso quiero que quede muy claro.

Como hay momentos malos hemos vividos momentos buenos y los volveremos a vivir. Se viene una ampliación en nuestro aeropuerto que ya dio inicio, nuestro alcalde invierte fuertemente en seguridad e infraestructura, todo el que viene a nuestra ciudad se enamora de ella, tanto incluso que a veces hay que sacarlos a la fuerza. Dicen que el momento más oscuro es justo antes del amanecer o que luego de la tormenta llega la calma, con toda la confianza la situación política mejorará y la seguridad también lo hará, el dilema por el petróleo se ajustará y hasta el mundial hará que todos cambiemos el semblante y nos unamos como país.

Seguramente habrá hoteles que no serán capaces de sortear la tormenta, como también habrán otros que si lo harán y continuarán haciendo un gran trabajo y ofreciendo un gran servicio. En meses como estos, salir victorioso no siempre significa crecer. A veces significa resistir mejor que los demás y mantener la calma mientras pasa la tormenta.

Alejandro González
Co-fundador Blackroom Operador Hotelero

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