Mientras el Ministerio de Comercio celebra ingresos récord por turismo —más de 3,2 millones de visitantes no residentes y una proyección de US$11.300 millones en 2025, según la ministra María Ximena Lombana—, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, tiene una preocupación más urgente: el aeropuerto José María Córdova, principal puerta internacional de Antioquia, está colapsado por falta de personal de Migración.
Ver estas dos noticias el mismo día deja una sensación ambigua. O estamos creciendo con más suerte que estructura, o estamos desaprovechando una oportunidad que podría ser mucho mayor. Porque desde donde yo lo veo —como fundador de un operador hotelero que trabaja todos los días en el potencial de esta industria— no deja de ser extraño que estemos batiendo récords en un sector donde muchas cosas elementales todavía no funcionan como deberían.
El turismo crece desde lo local
El Gobierno nacional habló de convertir a Colombia en una potencia turística. Pero los hechos van en otra dirección. Y es que con cosas como: el restablecimiento del IVA completo a tiquetes aéreos y hoteles para colombianos, la crisis diplomática de Enero de este año con Estados Unidos —el país que más turistas nos trae—, la persistencia de generar cuellos de botella innecesarios como el de Migración Colombia en aeropuertos como el de Medellín y la debacle que viene sufriendo San Andrés desde hace ya unos años, que aún no me permiten comprender como son capaces de celebrar las cifras de crecimiento turístico como si fueran resultado directo de una gestión del gobierno central y no lo que realmente es.
Lo que realmente explica el crecimiento turístico del país es otra cosa mucho más sencilla y es que simplemente la ciudades decidieron actuar por cuenta propia. Lar regiones apostaron por el turismo en un país donde conseguir inversión no ha sido fácil, pero sí urgente.
Tanto los gobiernos locales como el tejido empresarial decidieron apostarle al turismo sin esperar que las condiciones fueran ideales y sin que nadie les asegurara nada. Y los resultados que hoy se están viendo son porque, a pesar de todo, se pusieron a trabajar en vez de esperar a que el gobierno central volviera reales promesas que al final del día han quedado solo en eso, en promesas. Creo que para nadie es un secreto que el éxito que se vive hoy ha sido gracias a que se pudo construir una oferta turística completa y competitiva en ciudades clave del país.
Liderazgo, continuidad e inversión territorial
Si algo ha demostrado este país es que Colombiano que ve una oportunidad la toma. No esperamos ni condiciones ideales, ni necesitamos que nos regales nada. Si vemos que hay una posibilidad de crecer, así sea contra todo pronóstico, vamos a trabajar de sol a sol por sacarla adelante. Por ese motivo que parece simple, pero importante, es que algunas ciudades lograron avanzar: porque no se quedaron esperando instrucciones ni subsidios, actuaron.
El mejor ejemplo de eso es Medellín. Cuando el sector privado y la Alcaldía se alinean en una misma visión, los resultados se notan. Se ve la inversión, la estrategia, y la voluntad compartida de competir. Y competir, en este caso, no es solo atraer visitantes: es ofrecer una ciudad que tenga historia, entretenimiento, gastronomía, infraestructura, educación y ahora incluso tendremos mar artificial. Eso solo se logra a base de trabajo y ganas de salir adelante.
Las ciudades que no crecen no es porque no puedan, sino porque creo que no quieren cambiar, o por lo menos no saben cómo hacerlo. Lo que sí es claro es que no se piensan como destinos turísticos ni se toman en serio su propio potencial. El turismo es una industria de oferta, y la oferta se piensa, se construye y se trabaja. Las que lo han hecho, hoy están recogiendo los frutos de ese trabajo.
Retos persistentes, respuestas locales
El contraste es inevitable. Mientras algunas ciudades como Cartagena, Medellín, Santa marta y el eje cafetero consolidan su oferta turística, otras ni siquiera han empezado a competir. Lo preocupante es que a nivel país no hay un foco claro de crecimiento que ayude a consolidar a quienes están creciendo ni a despegar a quienes aún no inician.
Un caso notable es el de la infraestructura migratoria, la cual no va al ritmo del crecimiento turístico del país. Seguramente has visto el video en el cuál Federico Gutiérrez (el alcalde de Medellín) no solo denuncia el cuello de botella que significa migración Colombia en el aeropuerto de Rionegro, sino que pone en evidencia la falta de recursos y disposición del gobierno nacional ante el desarrollo turístico. Y con razón: ¿cómo esperamos crecer como destino turístico, si el primer contacto del visitante con nuestro país es una fila interminable de horas por una evidente falta de personal?
Lo positivo es que frente a estas situaciones no tan óptimas, la respuesta del sector privado y público desde las regiones ha sido seguir avanzando pese a las limitaciones. Aunque la ministra Lombana trate de llevarse los aplausos diciendo que: “estos resultados reflejan el compromiso de todos los actores: sector privado, gobiernos locales y comunidades”, ya muchos tenemos claro que todos los logros han ocurrido aún con falta de voluntad y ejecución del gobierno central.
La oportunidad de articular una visión común
Colombia ya demostró que tiene ciudades capaces de mover la industria turística sin depender de una gran estrategia nacional. Pero ese modelo, por sí solo, va a escalar solo hasta cierto punto. Necesitamos coordinación, espacios de colaboración entre territorios y sobre todo herramientas para que lo que ya funciona no se quede aislado y nuevas ciudades y territorios puedan sumarse a una oferta turística más integral como país.
El plan siempre ha sido dejar de pensar en el turismo como una simple opción y empezar a verlo como parte fundamental de la infraestructura económica del país. Siempre hablamos de Colombia como el mejor “vividero” del mundo, la cosa es que si lo miramos bien, el mejor “vividero” del mundo jamás tendría al turismo en el olvido.
Necesitamos un plan integral de turismo en el país, que permita medir bien lo que funciona y lo que no. Formar operadores turísticos, hoteleros, gastronómicos y de transporte. Corregir lo que no funciona. Escuchar a los que ya están ejecutando. Y desde ahí, construir una red que conecte esfuerzos sin necesidad de centralizarlos ni dejarle toda la responsabilidad a una sola entidad que cada 4 años cambie de rumbo y de opinión.
Mi conclusión
Colombia está creciendo en turismo porque hay regiones que se pusieron a trabajar. Esto no fue por accidente ni por moda. Es el resultado de ciudades que tomaron al turismo como un negocio en serio, que invirtieron como se invierte en cualquier negocio con potencial y que están viendo resultados porque lo han hecho bien con constancia, disciplina y reglas claras.
En Colombia no necesitamos una narrativa de milagros ni sueños intergalácticos que jamás se ejecutan, necesitamos una conversación seria con objetivos claros y KPI’s que sean medibles y escalables. La industria turística es un diamante en bruto. Lo que falta es tener un plan y la voluntad de ejecutarlo para llevarla al siguiente nivel: mejorar coordinación entre ciudades, mejorar la infraestructura pública y vial, capacitar a todo el personal turístico, cultural, de entretenimiento, gastronomía, hospedaje y transporte para tener estándares internacionales y sobre todo mejorar en seguridad.
Hoy ya hay ciudades que probaron que se puede. La pregunta es: ¿Vamos a ser capaces de aplicarlo a nivel país?
Alejandro González
Co-fundador de Blackroom
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